domingo, 17 de diciembre de 2017

17 diciembre 2017 (7) El Mundo del Siglo XXI (opinión)

17 diciembre 2017



El “nen” de Hipercor no puede aun dormir bien

En la semana en que se inaugura una exposición sobre la masacre de ETA en Barcelona, el empleado más joven del hipermercado habla por primera vez. Aquel día cortaba quesos y chorizos. Y se salvó de milagro. Pero aún recuerda el amargo llanto de los niños y no ha vuelto a tomar café. Llegó a ser candidato de CiU pero abandonó, desencantado. ¿Otegi? “Debería estar en prisión y no paseándose ahora por Cataluña. Es un asesino”


El aroma se despliega por todo el hogar, un adosado de Bellvei (Tarragona, 2.000 habitantes) rodeado de viñas y algarrobos. Unos ocho gramos de té verde El Taj Extra empiezan a hervir en la encimera de inducción de la cocina de Arturo Costa Gallardo. Núria Torrent, su esposa, apaga el fuego mientras él pone en juego una tetera de cristal y tres vasos estrechos rellenos de menta fresca. La vivienda transmite paz, alegría y amor. Las condiciones adecuadas, dice el anfitrión, para romper un largo silencio de 30 años y medio.
«Yo era feliz cobrando 50.000 pesetas por cortar quesos y chorizos en una pequeña sala de Hipercor. Pero si llego a tener cerrada la puerta, tal y como me exigía la gerencia, habría acabado carbonizado. Tras la explosión me mandaron a un garaje ardiendo a sacar de allí a clientes. Éramos tres trabajadores: Iglesias, Miguel Ángel y yo. Íbamos a gatas, agarrados, a oscuras, tocando cuerpos. Acababa de volver de la mili. Aún lo llevo marcado a fuego. Hasta hace poco, rehuía hablar de la masacre». Arturito, el nen de Hipercor, era, a sus 20 años, el empleado más joven del centro comercial aquella maldita tarde de viernes de junio de 1987 en la que ETA colocó en el aparcamiento subterráneo un coche bomba que causó 21 muertos y 45 heridos graves.
 La herida de Hipercor —así se llama también la exposición inaugurada este viernes en el Espacio Cero de Fabra i Coats de Barcelona con motivo del 30º aniversario del atentado— aún pasa factura al antiguo charcutero, un crío entre los 300 integrantes de la plantilla del hipermercado de la avenida Meridiana. Tres décadas después, padre de tres hijos, Arturo eleva su brazo derecho por encima de sus 190 centímetros y sirve desde las alturas la deliciosa bebida refrescante. Tras un primer trago de té marroquí ardiendo —no ha vuelto a tomar café—, afloran los sentimientos y la angustia en una mente aún en lucha contra la desolación y el horror. «Esa rendija de la puerta hizo que yo sobreviviera y que pudiera sacar del garaje a varios clientes en los siguientes 45 minutos. Nadie me ha reconocido nunca lo que hice, ni siquiera se me considera una víctima del terrorismo. No he percibido pensión alguna por el atentado de Hipercor. No la espero, pero sí quisiera un reconocimiento. ¿Por qué? Yo sigo oyendo cada noche en mi cabeza el llanto de niños procedente del aparcamiento subterráneo. También me persigue el olor a amonal y gasolina, el olor a la bomba. Si entro en un Corte Inglés, todo me huele allí a amonal», recuerda con emoción, sentado en un salón en el que entra con fuerza la luz del mediodía, tratando de no quebrarse, mientras sujeta el vaso con las dos manos y acaricia con un pie a su gato Aslam.
«Treinta años después, sigo sin dormir por las noches. Nunca supe cuántos ni quiénes eran aquellos pequeños que lloraban». Los asesinos de ETA mataron a cuatro niños en Hipercor. «El aparcamiento era la zona cero del atentado. Allí, el llanto de los críos destacaba, para mí, muy por encima del ruido del fuego, de las sirenas de emergencias, del olor a goma quemada, del humo negro y denso, de aquella terrible oscuridad o de los movimientos de mis dos heroicos compañeros en busca de supervivientes. Esos llantos siguen persiguiéndome cada noche. Los llevo impregnados, como los olores, puede que de por vida. Por la impotencia de no haberlos podido sacar, es peor arrastrar los lloros de los niños en mi cabeza».
El explosivo estalló a las 16.08 horas. Él fue el primero en llegar al aparcamiento. Varios de sus compañeros acabaron destrozados, con heridas y secuelas de por vida. El silencio posterior a la deflagración, recuerda Arturo, fue como el que sigue a un bombardeo. «El mayor que he sentido nunca. El vacío. Los pelos de punta. Luces apagadas. Estruendo brutal. Chapas cayendo. Sólo unas pocas luces de emergencia. La guerra. Caí de espaldas. Entró la onda expansiva. El fuego arrasó a mis compañeros. El horror. Los llantos infantiles. Y los chavales de la Cruz Roja despistados: “Salgamos de aquí que hay mucho humo”. Bajé al parking. Vi a un cliente con las manos ardiendo y sólo pensé en sacarlo de allí. Después acompañé a la salida a una clienta de 60 años, desnuda, cuya ropa se había fundido con su piel. No se me olvida. Llevaré ese dolor a la tumba».
Años después, el entonces respetado presidente catalán Jordi Pujol le saludó en pú- blico. Fue en 2002, cuando Arturo se metió en Convergència Democràtica. Fue militante unos tres años y llegó a ir en las listas de las elecciones municipales. «Vi que me querían sólo para colgar carteles en mi pueblito. Así que me decepcioné y lo dejé. Los mandé a freír espárragos. Sólo veía mentiras e hipocresía. Que pague el carnet su padre». Pujol le tocó la espalda pero no movió un dedo por su anhelado reconocimiento como víctima de terrorismo. Su mujer tuerce el gesto. «Es una injusticia, un daño todavía reparable», afirma.

Allí conoció a su mujer

Núria conoció a Arturo tras el mostrador de Hipercor pero no empezó una relación con él hasta unos cinco años después. Están a punto de cumplir 25 años juntos. Los dos provienen del cinturón industrial de Barcelona, de la comarca del Baix Llobregat. «Ella
me veía como un vulgar charcutero en un momento en el que se relacionaba con abogados. A la vez que yo era militante de CiU en Bellvei, ella lo era del PP. Mi mujer era tan atractiva que un día tuve que ponerme serio con el ex ministro Josep Piqué para que dejara de tirarle la caña delante de mí», recuerda el hombre con orgullo.
La política ha entrado en la conversación. «Arnaldo Otegi debería estar en prisión, y no paseándose ahora por Cataluña o incluso por el Parlament, porque es un asesino. El gitano que roba cobre va a la cárcel. Otegi da mítines tras haber sido un asesino por política. Y el héroe es él, no yo. Qué hipocresía», lamenta Arturo. «Como persona y cristiano, perdono a Otegi, pero como superviviente de Hipercor, ni perdono ni olvido».
Abril, hija adolescente de Arturo y Núria, cree que su padre tiene una suerte de superpoderes. «Anunció el atentado de las Ramblas y Cambrils», indica. No fue la primera vez. «Llevaba tres meses presintiendo que ETA iba a enchufarnos una bomba. La sensación de desprotección era grande: Hipercor se preocupaba más de que no se les robara jamón. Pero esa tarde, a pesar de ver al llegar a dos rancheras de la Policía en la calle y a un vigilante rebuscando en una papelera, me costó unos minutos darme cuenta. Creí que eran las bombonas de butano de los pollos a l’ast». Arturo trabajó un año más en Hipercor. Y tardó 15 en volver a entrar. Evita centros comerciales y aglomeraciones. Ha tenido una docena de empleos y sigue luchando por sobrevivir al dolor, el miedo, la injusticia y el abandono que siente. Ninguna administración se ha interesado por su caso.
Uno de los pocos amigos que hizo en Hipercor es Roberto Manrique (55), que era carnicero y pasó por la UCI. «No es fácil ser víctima pero menos lo es que no te lo reconozcan», sostiene. Ex presidente de la Asociación Catalana de Víctimas de Organizaciones Terroristas, Manrique ha esquivado en tres ocasiones las tentativas de otros tantos partidos políticos pero lleva 30 años en la brecha. «El dolor no debería usarse para fines políticos. Las víctimas son a la fuerza plurales porque el azar las elige», defiende el hoy asesor en victimología barcelonés, que se sentó cara a cara con Rafael Caride Simón, jefe del comando que atentó en Hipercor, sin que éste le mirara a los ojos.
Milagros Rodríguez estaba embarazada de tres meses cuando estalló la bomba en el hipermercado, donde trabajaba como cajera. Sólo sufrió algún rasguño, pero tuvo un mal presentimiento. Algo pasaría cuando naciera su bebé. Y así fue. Jessica nació con una sordera total como consecuencia de la onda expansiva de la bomba, según varios informes médicos.
El doctor Pablo Gómez es uno de los cirujanos plásticos que atendió a los heridos de Hipercor en la unidad de quemados del hospital Vall d’Hebron. Tenía 31 años. «Ese día yo trabajaba en el vecino hospital de San Rafael. Llamé al doctor de guardia, Acosta, ofreciendo mis servicios. Los dos quirófanos de quemados funcionaron a la vez», recuerda, tres décadas después, mientras sostiene entre sus manos un antiguo ejemplar de la revista estadounidense Burns [la biblia de los quemados] en el que profesionales del Vall d’Hebron publicaron un exhaustivo informe sobre la atención a las víctimas de Hipercor. «Nueve años antes, la tragedia del camping de Los Alfaques nos marcó. Y no íbamos a permitirnos el lujo de que un experto sueco como Artunson volviera a relatar la respuesta médica a Hipercor y la evolución», reivindica Gómez, que sí estaba de guardia la tarde de los atentados de la Rambla. «Nunca se está del todo preparado para algo así».

Opinión:

Es un honor y un placer poder colaborar con todo medio de comunicación que solicita una ayudita… y así, de paso, poder hacer públicas muchas otras situaciones y vivencias de excelentes seres humanos por los que he podido trabajar dependiendo de las circunstancias legales y personales de cada uno de ellos.
Arturo Costa es un ejemplo mas de aquellos expedientes que se iniciaron en aquellos años en los que ser víctima de una atentado era una lacra social a lo que había que añadir la enorme desorganización y los nulos protocolos que existían.
En aquellos años 80 del siglo pasado estar trabajando en un lugar donde ocurriera un atentado y no tener una herida física era sinónimo de problema y de trabas jurídicas casi imposibles de resolver. Arturo Costa o Jose Maria Maycas (entrevistado en El Periódico de Catalunya del pasado viernes) son excelentes ejemplos de esa desorganización y del desinterés que mostraba entonces la administración… por el contrario, el tiempo hizo que aparecieran personajes que mostrando un enorme cinismo explicaron alguna historieta al policía de turno que, creyéndose la milonga que le referían, han llegado a tener un reconocimiento como víctima del terrorismo con todos los derechos.
Aún y así, llámenme iluso pero creo que algún día llegará en el que alguien se atreverá a hacer un cotejo y un contraste real de los listados en los que aparecen estos personajes y obrar en consecuencia… y no son pocos…
Pero ¿quién “le pone el cascabel al gato”?




 

Robert Manrique, Arturo Costa y Francesc Valls en la inauguración de la Exposición








17 diciembre 2017 (6) Diario Vasco

17 diciembre 2017


Obispo Uriarte: Hay nudos que aún no se han desatado tras el fin de ETA

 

Juan María Uriarte, obispo emérito de San Sebastián y mediador entre el Gobierno y ETA durante la tregua de 1998-1999, cree que Euskadi está "sensiblemente mejor" desde que la banda terrorista renunció a las armas, pero que, "con todo, hay nudos que aún no se han desatado".
"Muchos esperamos una política penitenciaria más acorde con el cambio producido, que aproxime a los presos hacia su lugar de origen y sea más humana con los gravemente enfermos", señala el prelado en una entrevista que publica hoy El Diario Vasco con motivo de sus sesenta años de ordenación como sacerdote.
Añade que, a la vez, espera que los reclusos de etarras se acojan "a las medidas individuales previstas por la ley para mitigar o cancelar su situación penal", y que se reconozca "el mal causado" tanto por ETA como los GAL y "otros grupos análogos", aunque advierte de que no es "equiparable" la violencia que ejerció cada uno de ellos.
Uriarte (Fruniz-Bizkaia, 1933) opina que la violencia de ETA merece una reprobación moral expresa "por su prolongación en el tiempo, por su intención de imponerse por la vía de las armas, por la gravedad de los daños humanos producidos y por el mal injustamente causado a numerosas víctimas y sus familias".
Afirma que "la desaparición de ETA como tal es necesaria" y que "la paz real es insuficiente sin reconciliación".
"La reconciliación no sólo comporta verdad, justicia, diálogo, sino acercamiento progresivo y perdón demandado y otorgado. Ella garantiza el 'never again', el 'nunca más'", asevera el obispo, que agrega que la reconciliación despierta en muchos ciudadanos "reticencias explicables", pero que son "injustificadas".
















17 diciembre 2017 (5) La Vanguardia (opinión)

17 diciembre 2017 



PP propone impulso internacional de memoria y apoyo a víctimas del terrorismo


El PP pretende que el Gobierno impulse en la agenda internacional el apoyo a las víctimas del terrorismo y a su memoria, para lo cual ha presentado en el Congreso una proposición con la intención de que sea debatida en el Pleno de la Cámara.
El grupo popular quiere que se inste al Ejecutivo a seguir reclamando en las instituciones europeas el reconocimiento de las víctimas del terrorismo y su significación política en la consolidación del Estado, así como la protección de sus derechos poniendo como "ejemplo de buenas prácticas" el sistema español de apoyo a las mismas, "pionero a nivel mundial".
También pide promover en el seno de la UE la aprobación de la Carta Europea de Derechos de las Víctimas del Terrorismo impulsada por España, "que armonice los protocolos a seguir en los distintos países, asegurando que todos los afectados se vean amparados por los mismos derechos, eliminando cargas administrativas y regulando el apoyo de acuerdo a sus características específicas".
El PP plantea seguir trabajando en organismos como la Organización de Naciones Unidas para impulsar un Estatuto Internacional de Derechos de las Víctimas.
Para el grupo popular el Gobierno español debe liderar una "mayor sensibilización internacional" en esta materia e incluir este asunto en la próxima reunión en España de los ministros del Interior del denominado G-6 en materia de lucha contra el terrorismo y contra su financiación.
Por otra parte aboga por "otorgar la mayor relevancia a la voz de las víctimas y a su ejemplo moral dado el papel que juega su relato para deslegitimar ética, política y socialmente el terrorismo y con ello la narrativa que tratan de imponer los grupos terroristas, así como combatir la propaganda de la radicalización".
"Este asunto es hoy todavía más relevante debido al reto que supone ya a nivel mundial la amenaza del terrorismo yihadista, y España tiene por desgracia una experiencia acreditada en este aspecto", expone el grupo parlamentario popular.
Añade que "la pérdida del apoyo social de ETA a partir de la actividad de las víctimas favoreció considerablemente el compromiso global con los principios de memoria, dignidad, justicia y verdad".
Opinión:
A ver si lo explico con claridad. Es patético que un partido que gobierna y que dirige un Ministerio de Interior sea capaz de proponer un impulso internacional de memoria y apoyo a víctimas del terrorismo mientras deniega las ayudas para localizar y asesorar a 280 víctimas del terrorismo en Catalunya, mientras deniega el reconocimiento de las secuelas psiquiátricas por atentado terrorista basándose en un plazo de aparición o en el hecho de no estar en el lugar del atentado en riesgo de muerte, mientras deniega el reconocimiento como víctimas de los fetos no nacidos a causa del atentado sufrido por la madre gestante, mientras no indemniza del mismo modo a los ciudadanos españoles dependiendo si el atentado a tenido lugar dentro o fuera de España… y mas temas que prefiero no decir ahora para hacerlo durante las mesas redondas que próximamente (si el Ministerio correspondiente no lo evita con normativas “a la carta”) podré ofrecer en el entorno de la Exposición “La ferida de Hipercor. Barcelona. 1987”.

Sinceramente, hay algunos políticos que son el summum del cinismo.

17 diciembre 2017 (4) Deia (opinión)

17 diciembre 2017



Estefanía Beltrán de Heredia, Consejera de Seguridad del Gobierno Vasco

 

“Con ETA era difícil imaginar que un ertzaina saliera de su casa al trabajo de uniforme; ahora sí pasa”

El Departamento de Seguridad del Gobierno vasco convocará la próxima semana 300 plazas de ertzaina. Será el anticipo de otras tres convocatorias que tendrán lugar hasta el 2020 y que en total llevarán a las calles de Euskadi 1.700 nuevos agentes. De este modo se deja atrás el bloqueo provocado por el Gobierno español en los últimos años poniendo trabas a las convocatorias.
¿Estas convocatorias ponen fin al problema de envejecimiento de la Ertzaintza?
-No es solo un problema de envejecimiento sino también de falta de recursos. Los ertzainas se van jubilando y no podíamos afrontar esas jubilaciones, por lo que el número de agentes iba disminuyendo. Por eso son necesarias estas convocatorias para renovar las plazas y mantener los 8.000 ertzainas estipuladas.
Ahora mismo, no llegan a 8.000.
-Es cierto que llevamos un retraso por los recursos interpuestos por el Gobierno español que ha provocado una acumulación de jubilaciones, pero vamos a ir poniéndonos al día.
¿Se ajusta ese número a la realidad o se necesitan más?
-Creemos que con 8.000 ertzainas se pueden abordar los servicios que nos demanda la ciudadanía vasca y además con calidad.
¿Está satisfecha con su objetivo de lograr una Ertzaintza de proximidad a la gente de la calle?
-Estamos en la transición de un modelo a otro y vamos avanzando con proyectos que nos permiten acercarnos a la ciudadanía, sobre todo mediante charlas informativas con jóvenes en los centros escolares, así como con otros colectivos vulnerables como personas mayores o con algún tipo de discapacidad. Esto nos ha permitido que ellos nos devuelvan la visita a los centros policiales y propiciado un intercambio y un reconocimiento mutuo.
¿Se ha normalizado la imagen de la Ertzaintza tras el fin de la amenaza de ETA?
-Voy a contestar con un ejemplo concreto. Hace cinco años era difícil imaginar que un ertzaina cruzara todo su municipio vestido con el uniforme mientras se dirigía solo a su comisaría para entrar a trabajar. Esto está pasando ahora, esta misma semana. Ejemplifica esa cercanía que antes decía y evidencia que el ertzaina ya forma parte del paisaje comunitario.
El fin de ETA, pendiente todavía de su disolución, ha sido decisivo.
-Indudablemente tiene mucho que ver. La actividad de ETA y el acoso al que tenía sometido a la Ertzaintza han sido decisivos para que el modelo de Ertzaintza que se ideó hace 35 años no se haya podido desarrollar en su integridad. La Ertzaintza estaba acuartelada y los agentes también. Nuestro reto ha sido sacar a la calle a la Ertzaintza, acercarse con normalidad a los problemas y preocupaciones de cualquier ciudadano, en vez de estar esperando a que viniera a las comisarías a contarnos su problema o su inquietud.
Hasta no hace mucho la imagen de la Ertzaintza estaba muy vinculada a actuaciones contra la kale borroka, manifestaciones políticas…
-La realidad social ha cambiado afortunadamente. Hay un clima diferente. Hoy día las preocupaciones de la gente, también en materia de seguridad pública, son más normalizadas y la Ertzaintza está dando respuesta a esas necesidades.
Entre ellas la respuesta a la violencia machista. ¿Está la Ertzaintza preparada para combatir el auge de denuncias?
-Todos los agentes deben tener una formación y en eso nos estamos empeñando. Tenemos un sistema de medición de los riesgos y un protocolo de atención a víctimas de violencia de género y doméstica, tras el cual se establece el nivel de riesgo y la protección necesaria. La Ertzaintza actúa cuando se ha producido la agresión o cuando hay algún tipo de indicio y se detecta que puede haber un caso.
Cuando la policía llega tarde a un caso de estos, ¿de quién es el error? ¿De la Policía o del juez?
-Cuando hay una denuncia, la Ertzaintza hace una primera valoración del riesgo y en función de eso establece unas medidas de protección, que pueden ir desde la entrega del teléfono Bortxa, con el que la víctima se puede poner inmediatamente en contacto con la Ertzaintza; medidas de contravigilancia; o en los casos extremos, cuando hay un riesgo muy grande, se pone incluso escolta. Todo eso incluso antes de las medidas que pueda tomar el juez o la jueza.
¿Cuántos casos tiene registrados la Ertzaintza?
-Tenemos 4.500 expedientes abiertos, que no significa denuncias ya que cada expediente puede contener más de una denuncia. A veces son expedientes que arrastran varios años y hasta que el asunto no esté cerrado no se cierra el expediente. Hay alrededor de 900 mujeres con el teléfono Bortxa que nos sirve para ponernos en contacto con la víctima.
¿Tienen los ertzainas suficiente cobertura legal para ser eficaces en estos casos de violencia machista?
-También en el aspecto legal es necesaria una evolución. Por ejemplo, es necesario una revisión de la ley de igualdad y de la ley estatal de protección a las víctimas de violencia de género.
La Ertzaintza está pensando en una aplicación para mujeres amenazadas que sustituya a los Bortxas, muy poco discretos. ¿Son eficaces los actuales sistemas de control telemático de los agresores?
-Existe una confusión injustificada entre los sistemas telemáticos de protección que asignan los jueces y las juezas a los agresores y a las víctimas, las pulseras, para vigilar que no se quebranten las órdenes de alejamiento, y los teléfonos Bortxa. Con relación a las pulseras telemáticas que gestiona el Ministerio de Justicia, todo el mundo parece estar de acuerdo en la necesidad de mejorar el sistema. Los teléfonos Bortxa cumplen bien con su función y así seguirán haciéndolo porque estamos renovándolos. A futuro será una App integrada en el smartphone personal de la víctima y ofrecerá la misma seguridad y una mayor discreción.

¿Tiene indicios la Ertzaintza para poder hablar de la existencia de una mafia detrás de la llegada masiva a Euskadi de menores inmigrantes?
-Hay una constatación, que la llegada de jóvenes con una misma procedencia, Marruecos, se ha incrementado mucho los últimos meses. Todo hace indicar que, más allá de la motivación que les trae aquí, hay alguna organización que les facilita el tránsito. Las consecuencias de este fenómeno migratorio son perceptibles también desde el punto de vista de la seguridad pública. La Ertzaintza esté investigando lo que ocurre.
¿Cómo actúa la Ertzaintza?
-A distintos niveles, desde el asistencial -no olvidemos de que en su mayoría son menores-, hasta el de orden público, si la situación así lo requiere. De hecho el jueves tuvimos que detener a un joven de la residencia de Zornotza, a solicitud de la Fiscalía de menores, dentro del procedimiento abierto para aclarar el incendio de la residencia de menores no tutelados.
¿Euskadi es un oasis en cuanto a terrorismo yihadista?
-Nunca podemos estar tranquilos del todo, no existe la seguridad completa. Es importante la prevención, evitar que se cometa el delito.
¿Hay focos de peligro concretos?
-No hay un punto concreto o un foco u objetivo en Euskadi. Por lo que sabemos hasta ahora buscan zonas de gran confluencia de personas como estaciones de autobuses, centros de mucha aglomeración de personas… Son las zonas en las que prestamos una mayor vigilancia y atención. Para esto pusimos en marcha las patrullas de prevención y respuesta inmediata.
Algunos ertzainas piden llevar su pistola fuera de servicio.
-Son dos cosas diferentes que no conviene mezclar, aunque hay ertzainas que pueden mezclarlas. Cuando alguien lleva un arma fuera de servicio está sujeto al reglamento de armas y por tanto tiene más inconvenientes que ventajas para cualquier ertzaina. Si se autoriza a todos los ertzainas a llevar el arma, habría que pensar que es obligatorio y llevar el arma las 24 horas del día condiciona mucho la vida del ertzaina fuera de servicio.
¿Por ejemplo?
-No podría entrar en un bar a tomar un café. Existe la creencia de que incluso portando un arma el ertzaina puede hacer vida normalizada y no es así. Por eso creemos que solo en aquellas circunstancias en las que sea estrictamente necesario se podrá portar el arma fuera de servicio.
¿Son fructíferas las visitas que la Ertzaintza hace a las mezquitas para intercambiar información?
-La acogida ha sido muy buena y la prueba es que estamos entrando en las mezquitas. Nos reciben bien, no hay suspicacias a pesar de que es un colectivo de 50.000 personas en Euskadi y que por principio tiene un grado de desconfianza alto hacia la policía. Las suspicacias iniciales se han ido salvando a medida que nos hemos ido conociendo.
“Con ETA, la Ertzaintza vivía acuartelada. El reto ha sido sacarla a la calle;acercarse a la gente en vez de esperar a que viniera a la comisaría”
“Son necesarias estas convocatorias para renovar la Ertzaintza y mantener los 8.000 ertzainas para abordar el servicio que pide la gente”
“Nos han recibido bien en las mezquitas. Las suspicacias se han salvado según nos hemos ido conociendo”
“No hay focos de peligro concreto de terrorismo yihadista en Euskadi. Hay que trabajar la prevención”

Opinión:

Leyendo la entrevista con la Consejera de Seguridad del Gobierno Vasco me asalta una duda… ¿quién cree tener más razón? ¿los que dicen que en el País Vasco la banda terrorista ETA sigue marcando el presente o los que dicen que la normalidad ya está en las calles?

Pues eso…

17 diciembre 2017 (3) El Correo (opinión)

17 diciembre 2017 



Víctimas del terrorismo premian al Rey por su compromiso

El Rey recibirá el Premio en Defensa de los Derechos Humanos Adolfo Suárez 2017, que la Fundación Víctimas del Terrorismo convoca cada año desde 2010. El colectivo ha escogido a don Felipe por la «proximidad y cercanía que la Casa Real siempre ha mostrado» con los damnificados por los atentados. El jurado, encabezado por Marimar Blanco, la presidenta de la fundación, propuso al Monarca para agradecer «el apoyo de la más alta Institución del Estado» con «claridad y rotundidad». Según el fallo, Felipe VI y la Reina Letizia han continuado el «compromiso ininterrumpido que iniciaron Don Juan Carlos y Doña Sofía» con quienes han sufrido los estragos del terrorismo

Opinión:

La presente noticia me da la oportunidad de opinar sobre dos temas distintos.
El primero, que prefiero no hacer pública (al menos por el momento) la carta que la Casa Real remitió al familiar de una víctima del terrorismo cuando esta, el familiar, solicitó ayuda y asesoramiento ante un problema en el que el oponente era el Ministerio de Interior. La respuesta fue cualquier cosa menos una demostración de “la proximidad y la cercanía” para con la familia afectada por esa respuesta y por ello ni entienden ni comparten el reconocimiento que la Fundación de Víctimas del Terrorismo plantea como premio al Rey Felipe VI.
La segunda es de índole más personal… la Fundación de Víctimas del terrorismo puede premiar a quien le apetezca aunque ni consulta ni pregunta la opinión al resto de víctimas a las que dice representar. Quien quiera fotografiarse con el Rey Felipe VI no debería hacerlo a costa de arrogarse la opinión de un colectivo… pero lo que no tiene lógica no excusa es decir que se representa a un colectivo y luego no aportar la información a las víctimas a las que dice representar ante la invitación a la presentación a una acto en el que se conmemora y homenajea a las víctimas del atentado en Hipercor.
Aunque quizás todo se puede circunscribir al hecho de que hay quien sabe perfectamente que no es bien recibido ante algunas víctimas y que si, además, la Fundación no va a ser protagonista en el acto o incluso va a tener que atender las reclamaciones de algunas víctimas hartas de tanto uso político, lo mejor es no acudir y ni tan solo informar al resto de entidades.
Como dice Jep Cabestany, merecen el premio OTB…
Ah, y a todo esto ¿qué tiene que decir la asociación que protestó porque el Rey Felipe VI finalmente no acudió a un acto al que había sido invitado?


17 diciembre 2017 (16.12.17) (2) La Razón (opinión)


17 diciembre 2017  (16.12.17) 



Lo de ETA
Escrito en la pared


Esta semana se ha conmemorado el trigésimo aniversario de la matanza que perpetró ETA en el atentado contra la casa-cuartel de la Guardia Civil de Zaragoza. Pasan los años y la memoria de los hechos pervive. Aquel ataque llevó la firma de Henri Parot, un tipo sanguinario que, paradójicamente, llegó llorando ante el juez de la Audiencia Nacional, quejándose de que sólo le habían dado un bocadillo para comer, según me contó en cierta ocasión el magistrado Carlos Dívar, fallecido hace apenas un mes.
El tiempo pasa, la memoria perdura, pero la justicia parece que se desvanece. El ministro Zoido, en un acto celebrado en el lugar del atentado, ha hablado de la derrota del terrorismo y del papel que, en ella, juega «la unión sin fisuras»; y el presidente de Aragón, Javier Lambán, ha señalado en el mismo lugar que la democracia no puede permitirse «el lujo de la amnesia». Ambos están en lo cierto y es pertinente reconocerlo, pero por mucho que la retórica nos consuele, no por ello podemos eludir lo obvio: la ETA vencida aún no se ha disuelto, buena parte de sus crímenes –unos trescientos– continúan sin resolverse y su legado político, a través de Sortu y la coalición EH Bildu, ocupa un lugar en las instituciones vascas.
Lo de ETA ahí sigue sin que el Gobierno sepa muy bien qué hacer con ello. Es verdad que en nada ha favorecido a esa organización terrorista, pero también es cierto que ha carecido de iniciativa política para propiciar su definitiva desaparición. Entretanto, el tiempo pasa y buena parte de los etarras presos van cumpliendo sus condenas y quedan en libertad. Otros fallecen en prisión, como le ocurrió hace también pocos días a Belén González Peñalva, otra terrorista cruel a la que, por cierto, le ofrecieron después de morir un acto de reconocimiento en su pueblo, con asistencia de los principales gerifaltes del abertzalismo independentista. Esto, más allá de que pueda ser o no un delito, resulta desasosegante para muchas personas, entre ellas buena parte de las víctimas del terrorismo que no entienden muy bien cómo en un país democrático se tolera la exaltación de quienes hicieron de la violencia su modo de participación política.
Lo de ETA, se quiera o no, sigue siendo un problema que el Gobierno tiene que resolver y para el que no vale la paciente espera porque las legislaturas transcurren a una velocidad mucho mayor que la que se observa en los procesos decisorios de esa organización terrorista. Es verdad que, media docena de años después del cese de las acciones armadas, puede no tratarse de un asunto apremiante, pero ello no quita para que haya dejado de ser completamente peligroso. Y desde el punto de vista político constituye un fiasco que se anota entre las deudas que, al final, se van dejando de pagar y que los electores evocan de vez en cuando, como ahora, en esta semana en la que vuelve el recuerdo de los que perecieron.



Opinión:

Puedo estar de acuerdo en mucha de la información que publica Mikel Buesa pero hay una frase que me muestra que todavía se siguen presentando datos desde una perspectiva partidista. Cuando hablando del Gobierno español dice que “es verdad que en nada ha favorecido a esa organización terrorista” debería recordarse que cuando otro gobierno anterior hizo exactamente lo mismo que el actual, es decir, cumplir la legislación que los diferentes Códigos Penales marcaban, las manifestaciones organizadas por el actual Gobierno contra el que había entonces fueron constantes y continuas. Manifestaciones que según algunas fuentes fueron convocadas con recursos públicos (¿Gurte?) y en las que casi no se insultaba a la banda terrorista ETA sino al entonces Presidente del Gobierno…

Señor Buesa, lo pido públicamente, deje de utilizar a “las” víctimas del terrorismo para lanzar mensajes que no se ajustan a la realidad.

17 diciembre 2017 (19.06.17) elnacional.cat (opinión)

17 diciembre 2017 (19.06.17)



Ser víctima de Hipercor: treinta años de lucha contra el olvido

Se acuerda perfectamente, como si fuera ayer. En ese momento, Robert Manrique estaba cortando diez libritos de lomo para la señora Agustina Cabanillas y su hija Maricarmen, vecinas del barrio. Bromeaba "un poco", reía, porque a él le gustaba su trabajo de carnicero, se lo pasaba muy bien. Hasta que, en un instante, toda su vida cambió: "Estaba cortando diez libritos de lomo y... ¡bum!".
Tiene un pequeño vacío de memoria de unos 15 segundos, admite. Lo compara con cuando rompes una nuez con un cascanueces: "Primero oyes un enorme crac y, de repente, el silencio total". Después recupera los recuerdos: "Gritos, agua que caía de los sprinklers del techo. Notaba que la piel se me estaba derritiendo, que me estaba quedando ciego. Recuerdo mucho los olores de ese día todavía hoy. Mientras intentaba salir de allí, resbalaba. El agua que caía se mezclaba con el calor que subía, y hervía. Se me quedaron los zapatos pegados al suelo. Salí descalzo".
Antes de salir, salvó la vida de una chica -esto lo supo después-, apagándole las llamas como pudo. No fue hasta que llegó al hospital que supo qué había pasado, después de oír a los médicos hablar entre ellos: había sido ETA quien había puesto un coche bomba en el parking subterráneo del centro comercial Hipercor, en la avenida Meridiana de Barcelona. De aquel fatídico viernes 19 de junio de 1987 hoy se cumplen treinta años.
A pesar de las tres llamadas de advertencia del comando Barcelona de ETA, el coche bomba explotó a las 16:08. Una onda de choque de 2.834 metros por segundo, una presión de 96.948.351 toneladas/metro y una temperatura de unos 2.300 grados centígrados. Su balance, de 21 muertos y 45 heridos, lo situó como la masacre más sanguinaria e indiscriminada del grupo terrorista.
Dos de los responsables de colocar aquel Ford Sierra en Hipercor, Josefa Ernaga y Domingo Troitiño, ya han cumplido condena. Los otros dos condenados, Rafael Caride y Santi Potros, siguen entre rejas. El Estado español también fue condenado por negligencia policial, justamente por no haber desalojado las instalaciones a pesar de las llamadas anónimas advirtiendo del artefacto.
Robert Manrique sobrevivió, con quemaduras por todo el cuerpo: las manos, los brazos, la cara, la parte de la cabeza que no estaba cubierta por el gorro... Pasó hospitalizado dos meses, en una cama, sin ver a sus hijos (él no quería que le vieran así). Sus clientas, Agustina Cabanillas y su hija Maricarmen, también se salvaron. La madre lo hizo después de pasar varias semanas entre la vida y la muerte con graves quemaduras en el 65% del cuerpo.
El destino puede llegar a ser muy cruel, porque la verdad es que Robert no tenía que estar allí en ese momento: una de sus condiciones para aceptar el traslado de El Corte Inglés a Hipercor fue hacer turno de mañanas para poder pasar tiempo con sus dos hijos, que entonces tenían tres años y nueve meses. Pero el día antes, el jueves 18 de junio, su compañero Josep Maria le pidió si podía cambiarle el turno. "Le dije que sí, que solo faltaría, y allí estaba yo cortando diez libritos de lomo".
Quien tampoco debía estar allí era Xavier Valls, un arquitecto de 48 años que vivía en Santa Coloma de Gramenet. Estaba en la agencia de viajes de Hipercor. Estaba mirando unos billetes de barco para ir a pasar unos días de vacaciones en Menorca. Tuvo la mala suerte de dejarse el DNI en el coche, y lo necesitaba, así que tuvo que volver al parking a buscarlo.
En ese preciso momento, Xavier halló la muerte en un Ford Sierra con 200 kilos de material explosivo. No pudo hacer nada: estaba en el epicentro. La agencia de viajes, curiosamente, quedó intacta, no le pasó nada. De hecho, la propia directora de la agencia fue a casa de Xavier al día siguiente a explicar lo que había pasado a su mujer, Maria Josep.
"Cuando le dijeron a mi madre que mi padre estaba en Hipercor, no se lo creyó", explica Jordi, uno de los dos hijos de Xavier y Maria Josep, un "huérfano de Hipercor". Jordi tenía entonces seis años. Lo que vio lo ha ido completando con lo que le han ido contando con el paso de los años. "Ni por horarios, ni por ruta, ni por forma de ser. Era imposible que mi padre estuviera allí. Pero sí estaba: en el lugar y el momento equivocados".
Jordi tiene algunos recuerdos. Hacia las siete u ocho de la tarde recibieron una llamada en casa, que cogió su abuelo, porque su madre no estaba en casa. Al otro lado del teléfono preguntaban por Xavier, que tenía que ir a dar una conferencia y no se había presentado. También recuerda que lo dejaron un par de días, probablemente todo aquel fin de semana, en casa de un familiar, "supongo que para mantenerme al margen de todo aquello".
Además de arquitecto, Xavier Valls era activista político. "Él era una persona politizada, que incluso había militado en el PSUC durante la clandestinidad y había estado muy involucrado en el movimiento vecinal de Santa Coloma y la Asamblea Nacional de Catalunya", explica su hijo, que hoy tiene 36 años. "Era una persona de izquierdas, pero también bastante catalanista, nacionalista", añade. Incluso había mostrado simpatía hacia Herri Batasuna, entonces el brazo político de la izquierda abertzale. Según la viuda, María José, una vez llegó a decir que "a los vascos no les toman el pelo como a nosotros".
De hecho, Jordi confiesa que estas dos palabras -Herri Batasuna- las recuerda desde pequeño. "Es un nombre que tenía allí y que, inconscientemente, me pone... No sé cómo describirlo. Yo sólo escuchaba en los medios que no condenaban el terrorismo. Y yo pensaba: son los terroristas que han matado a mi padre y no lo condenan".

Reponerse del trauma

"Yo lo asumí después, unos años más tarde", explica Jordi Valls, que hoy es economista. Cuando murió su padre, tan sólo tenía seis años, y su hermano nueve; no era muy consciente. "Recuerdo que a partir de los nueve o diez años, ya empecé a asimilarlo, empecé a notar la falta, que mi padre no estaba. Esta falta marcó mi preadolescencia y mi adolescencia", añade. Dice que pudo reponerse gracias a la red de apoyo familiar y al acompañamiento psicológico. También su madre los protegió siempre, a él y a su hermano, de la exposición pública y mediática.
Las circunstancias de la muerte, el hecho de ser un atentado terrorista, fueron determinantes. "Con los siguientes atentados, lo iba reviviendo. Mi juventud coincidió con los años más duros de ETA, los 'años de plomo'. Lo revivía constantemente. Salía en la televisión y los medios, la gente hablaba de ello, y yo no acababa de cerrar nunca. Evidentemente nunca se cierra del todo, pero aquel contexto no ayudaba: el tema siempre estaba allí, presente".
El día en que el exlíder de Batasuna Pernando Barrena dio una conferencia en la Universidad de Barcelona donde pidió disculpas a las víctimas, el 22 de noviembre de 2012, Jordi estaba allí. Y reconoció este gesto a una izquierda abertzale que considera que a veces ha sido "cínica". Hoy puede empatizar también con las otras partes del conflicto: "A pesar de ser víctima, yo también entiendo que ha habido sufrimiento en todos lados. Entiendo que la izquierda abertzale y el entorno de ETA también han sufrido. Puedo empatizar con ellos". No es fácil decir algo así.
Después de pasar dos meses sin salir del hospital, sin salir de la cama, lo primero que quería hacer Robert era ver a sus niños. Pero lo primero que hizo, antes de pasar por casa, fue volver a Hipercor, ver cómo había quedado y reencontrar a sus compañeros de trabajo. Una vez hecho esto, entonces sí, volvió a casa. "Invertí el orden y creo que hice bien", dice. "Si no, me hubiera costado mucho volver". De hecho, en diciembre ya estaba allí de nuevo trabajando, "porque necesitaba volver a la normalidad y porque en Navidad pagaban muy bien".
Según él, se repuso rápidamente por su carácter: era joven (24 años) y tenía mucha iniciativa. "Yo tenía dos cosas metidas en la cabeza: mis niños y volver a jugar al tenis, como hice la mañana del atentado", afirma Robert. "En la primera intervención había riesgo de amputación del brazo derecho. Cuando sales del hospital y ves que todavía tienes brazo, y después que poco a poco vas recuperando la fuerza, todo eso te da confianza". La recuperación física acompañó la recuperación psicológica. Hoy tiene una vida que no da alcance: además de atender a decenas de víctimas, se está sacando el grado de Derecho en la UOC y está ayudando en un despacho de abogados.

Olvidadas por el sistema

No fue hasta 2010, con el tripartito, que la Generalitat tuvo una oficina de atención a las víctimas. La consellera Montserrat Tura le encargó a Robert Manrique la dirección del Servicio de Información y Orientación a las Víctimas del Terrorismo (SIOVT), a semejanza de la oficina del Gobierno vasco. Él, con la ayuda de la psicóloga Sara Bosch, ya llevaba veinte años documentando, asesorando, acompañando, tramitando indemnizaciones, haciendo lo que fuera necesario.
Pero esta oficina duró pocos meses. Fue inaugurada en abril de 2010. En diciembre de ese año, hubo cambio de gobierno, con el regreso de Convergència i Unió. Ese mismo mes, Robert presentó un informe sobre las víctimas del terrorismo en Catalunya. "Dos horas más tarde, el nuevo Govern me comunicó que había que cerrar el servicio", dice. Lo trasladaron a la Oficina de atención a la víctima del delito y recortaron su presupuesto un 95%.
"Estuvimos trabajando de enero a julio de 2011, mañana y tarde, por 50 euros. Después, ni eso", denuncia Robert. "Que me digan que es por los recortes, que puedo llegar a entenderlo; pero que no me digan que se puede hacer desde otra oficina, porque no es lo mismo atender a una señora a quien le han robado el bolso que a una madre a quien le han asesinado al hijo".
Justamente ese estudio inédito que había presentado Robert evidenciaba la despreocupación de las administraciones: nunca antes se habían contabilizado las víctimas del terrorismo en Catalunya o catalanas. Ninguna institución, ni policial ni gubernamental, lo había hecho; en realidad, todas confiaban en que eso lo hacía otro. El balance del informe fueron 118 muertos a manos de 24 organizaciones terroristas desde 1968. 118 olvidados por la Administración. "La tarea de búsqueda de víctimas debe hacerla la Administración. Ya que no lo hace el Ministerio, hagámoslo desde Catalunya", reclama.
Después de tantos años trabajando en ello, las ha visto de todos los colores. Por ejemplo, falsas víctimas del terrorismo, que construyen relatos ficticios como si fueran el mismo Enric Marco. "Me he encontrado con asociaciones que salen de la nada y dicen haber conseguido 900 víctimas en tres meses. Te pasan una parte de la lista, investigas y ves que está llena de muertos que se han inscrito. Pero eso sí: con subvención de 50.000 euros del Gobierno vasco. ¿Es que no investigan a quien subvencionan?".
Jordi Valls también cree que no se ha escuchado como se debería haber escuchado a las víctimas. "Hay víctimas que, treinta años después, todavía no están reconocidas. Hay gente que no sabe aún si es víctima de Hipercor". Pone el ejemplo de una víctima de su edad que perdió a un familiar y que, si tiene una fotografía de este familiar, ha sido gracias al trabajo del Robert. "Mira si acompaña la Administración...".
El olvido por parte de las administraciones, dice, ha sido generalizado, sin excepciones. "Las hay que están más politizadas y las hay que no han hecho tanta política, pero a nivel de apoyo ninguna administración ha estado a la altura de las circunstancias", lamenta Jordi, que afirma: "Todos lo han hecho mal, porque no han sabido atender. El Estado se ha metido más en política y la Generalitat no ha entrado tanto en este juego, pero nadie ha estado a la altura". Al final, admite, existe la sensación de ser una especie de doble víctima: "Ya has tenido bastante con el atentado como para después encontrarte tantos problemas y trabas". Las indemnizaciones son un capítulo aparte.
Pero no solo son los políticos quienes les han olvidado: es todo el sistema. Robert recuerda un juicio al que asistió, hace dos años, por el asesinato de Juan Fructuoso en Barcelona, el 2 de abril de 1987, dos meses antes de Hipercor. Fue a la Audiencia Nacional, en Madrid, acompañado de Jesús Fructuoso, el hermano del asesinado.
Esto es lo que ocurrió: "Estábamos hablando fuera de la Audiencia Nacional. Detrás nuestro, había otro grupo, hablando en euskera. Hasta aquí todo normal. Pero empezaron a moverse mucho, me llevé algún golpe y finalmente me giré. Me encontré con Domingo Troitiño y Josefa Ernaga, los que me quisieron matar, los que mataron a Juan". Se pregunta cómo es posible que, teniendo la lista de gente que iría al juicio, ni la Fiscalía, ni la Audiencia Nacional, ni el Ministerio del Interior, ni nadie evitó una escena como ésta.
-¿A qué lo atribuyes? -le pregunto.
-A que les da igual. No hay gente preparada. ¿Te imaginas que un pederasta se encontrara en el juicio con la madre de la niña violada? Pues es lo mismo.
Asegura que no es la única vez que le ha pasado algo parecido.

La línea entre la víctima y el político

"Yo he tenido la mala costumbre de que no me ha gustado mezclar el atentado o el terrorismo con la política partidista", dice Robert Manrique con ironía. "A mí me han ofrecido cargos desde tres partidos políticos diferentes, y a los tres les he dicho que no. También me ofrecieron trabajar para el Ministerio del Interior en el año 96, y también dije que no, porque sería ponerme en el lado opuesto al de las víctimas. Sería una forma de comprarme".
- ¿Y se puede saber cuáles son estos tres partidos, o nos podemos hacer una idea?
-Te sorprendería. Solo te diré uno que no me lo ha pedido nunca: el PP.
"Con Franco se ponía un pobre a la mesa por Navidad. Durante muchos años la moda ha sido poner una víctima en el mitin ", critica Robert. Hay políticos que han intentado captar víctimas, prosigue, pero también víctimas que lo han permitido. "Si una víctima sufre un atentado porque tiene un cargo político, por ejemplo, Edu Madina, evidentemente puede continuar haciendo la política que le dé la gana. Pero cuando alguien no hacía política y después hace carrera política con esto, no estoy de acuerdo".
Enseguida le viene un nombre a la cabeza: Marimar Blanco, hermana de Miguel Ángel Blanco. "Lo que le hicieron a su hermano es una auténtica cabronada y ella es víctima, lo ha sufrido mucho; pero de ahí a ser diputada del PP, y además siendo presidenta de la Fundación Víctimas del Terrorismo, es muy feo. Algo falla". Para demostrar qué ha pasado con muchas asociaciones de víctimas, pone las manifestaciones como ejemplo: "Con Zapatero en la Moncloa, llegaron a montar siete manifestaciones contra la excarcelación de terroristas de ETA. El otro día salió Idoia López Riaño, condenada por 23 asesinatos, y nadie ha movido un dedo". La presidenta del Colectivo de Víctimas del Terrorismo en el País Vasco (COVITE), Consuelo Ordóñez, pidió el voto por UPyD en 2012.
Hoy Robert está decepcionado con el mundo de las asociaciones. Fue vicepresidente de la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT) española, pero en 2002 lo expulsaron por denunciar la falta de pluralidad, la infiltración de un determinado corriente político. Fundó la Asociación Catalana de Víctimas de Organizaciones Terroristas (ACVOT). Se fue porque había cambiado radicalmente la forma de trabajar. Él siempre había apostado por la proximidad.
Jordi Valls también se siente alejado del mundo de las asociaciones de víctimas. Le molestan especialmente aquellas víctimas que se autoproclaman portavoces de las víctimas. "Yo muchas veces no simpatizo, ni con las asociaciones ni con sus mensajes", explica. "Muchas veces se han dejado politizar, por desgracia. Esto lo ves muy claramente. Hay quien ha permitido, desde las asociaciones, entrar en este juego político. Pero las víctimas no estamos aquí para hacer política, sino para que se nos reconozcan los derechos y se nos escuche".
De hecho, Jordi desmonta cualquier estereotipo que pueda haber en torno a las víctimas de ETA. "Las víctimas son tan diversas como el hecho de que 21 personas aleatorias estén comprando en un Hipercor en un momento determinado", asegura. Y prosigue: "Somos catalanohablantes, castellanohablantes, de izquierdas, de derechas... Al final, lo que compartimos es que queremos reconocimiento, que queremos ser escuchados, que no se olvide". Robert también está de acuerdo con esto: "Yo he visto víctimas en la V o manifestaciones de la ANC. No somos todos los de la banderita que se pasean por la calle Serrano de Madrid, a pesar de que algunos lo piensan".

¿Se puede perdonar?

En mayo de 2011, Robert Manrique recibió una carta que probablemente nunca habría esperado recibir. Llegaba desde el centro penitenciario de Álava, en el País Vasco. Iba firmada por Rafael Caride Simón, uno de los hombres que había intentado matarle con aquella bomba en el Hipercor. En la misiva decía que estaba arrepentido, que creía que la violencia no era el medio para conseguir las cosas y le proponía un encuentro. Robert esperó a una tarde de agosto, ya de vacaciones, para explicarlo a su mujer y sus hijos, que le dijeron que lo hiciera. "Llevas años diciendo que tienen que pedir perdón. Si quiere hacerlo, tienes que ir", le dijeron.
Robert empezó entonces las gestiones con el Ministerio del Interior. En octubre hubo el anuncio del cese definitivo de ETA, en noviembre elecciones españolas y en diciembre cambio de gobierno español, del PSOE al PP. Todas las gestiones quedaron paralizadas hasta que, en mayo del 2012, un año después de recibir la carta del terrorista, concedió una entrevista a El Periódico.
Dos semanas más tarde, recibió el visto bueno del Ministerio del Interior, que fijó el 15 de junio como fecha y pidió confidencialidad absoluta. No acabó cumpliéndose por parte de quien lo exigía. "No es mi culpa que el bocazas de Jorge Fernández Díaz anunciara que dos víctimas de ETA se reunirían con sus victimarios. Cuando el 15 de junio salí de la cárcel, me encontré con decenas de periodistas", explica. "Muchísimas víctimas me felicitaron, pero hay una que dijo que había montado un circo, y ciertos diarios solo se fijaron en él". Esta víctima era José Vargas, presidente de la Asociación Catalana de Víctimas de Organizaciones Terroristas.
Sea como sea, la reunión se produjo. Duró hora y media. Robert le negó la mano, y así se lo justificó: "Por el respeto que le tengo al resto de víctimas, por su dignidad, no quiero que mi mano, si toca la suya, después toque la de ellos". Durante el encuentro, Caride mostró arrepentimiento, pero no pidió perdón, porque era un "concepto católico" en el que no creía. La impresión que se llevó Robert está llena de matices. "Sé que aquel encuentro tuvo un efecto positivo en muchas víctimas, y eso ya me sirve", dice cinco años más tarde.
Jordi Valls no sabe si accedería a un encuentro de este tipo; dependería del contexto, de si realmente está arrepentido, de cómo lo pidiera. "He tenido la suerte de haberlo llevado bastante bien. Y como a las víctimas la paz nos importa, podría llegar a hacerlo", asegura. "Yo también tengo que remar a favor de la paz; y, si esto sirve, probablemente lo haría. Porque puedo hacerlo. Pero entiendo que haya víctimas que tengan mucha rabia acumulada, que su proceso personal ha sido diferente del mío...".
¿Qué le diría, si se encontrara en esta situación? "Le preguntaría qué pensaba conseguir políticamente con el brutal atentado de Hipercor. Querría saber qué le pasaba por la cabeza, por qué creía que la violencia era el medio para conseguir sus objetivos políticos".

Un punto de inflexión

"Hipercor fue un cambio de estrategia terrorista, evidentemente, pero también hizo que, por ejemplo, la gente de Herri Batasuna empezara a decir basta: Txema Montero, Julen Madariaga, que además era cofundador de ETA...", asegura Robert Manrique. "Con el paso de los años ves que abrió una pequeña rendija, que cada vez se ha ido haciendo más grande", añade. ¿Fue un punto de inflexión? "Allí comenzó el punto de inflexión, que terminó de llegar con la salvajada que le hicieron a Miguel Ángel Blanco. Pero con Hipercor se abre un camino".
Hipercor provocó las primeras grietas en la izquierda abertzale. Poco después del atentado, Txomin Ziluaga, secretario general de Herri Alderdi Sozialista Iraultzailea (principal fuerza de la coalición Herri Batasuna) sugirió que ETA debía tomarse "unos meses de vacaciones" y hacer un repliegue de la lucha armada. Provocó una purga: tanto él como un centenar de militantes más fueron depurados de Herri Batasuna. En 1992 el expulsado fue el eurodiputado Txema Montero, que desde Hipercor había ido adoptando posiciones cada vez más contrarias a las acciones llevadas a cabo por ETA. Más tarde terminó acercándose al PNV, sin afiliarse.
"Yo creo que incluso desde el entorno de ETA vieron la barbaridad que habían cometido, porque fue brutal", dice Jordi Valls, que añade: "Había quién podía pensar que bueno, hasta entonces las bombas iban dirigidas a militares y policías. Pero es que esta vez eran todos civiles. Era un centro comercial lleno de civiles. Para ETA seguramente no, porque siguió matando mucho más, pero socialmente sí representó un punto de inflexión. Solo hay que ver las manifestaciones que se organizaron aquí en Barcelona".
En una manifestación encabezada por el presidente Jordi Pujol y el alcalde Pasqual Maragall, unos 750.000 barceloneses llenaron el paseo de Gracia el 22 de junio de 1987 contra el terrorismo. Marchaban detrás de dos pancartas: “Por la convivencia en paz y libertad, Catalunya rechaza el terrorismo”, “Cooperación ciudadana contra el terrorismo”. El solemne silencio que presidía la protesta solo fue roto por los aplausos a los familiares de las víctimas.
Las cr[únicas de aquel día recogen también una pancarta que criticaba los resultados obtenidos por Herri Batasuna en Catalunya. Es interesante echar un vistazo a la evolución de los resultados que obtuvo en las elecciones europeas, en las que hay una única circunscripción electoral para todo el Estado. HB fue, para muchos independentistas catalanes, una opción muy seductora. En los comicios celebrados el 10 de junio de 1987, tan sólo nueve días antes de Hipercor, 39.693 catalanes votaron por Herri Batasuna. En las de 1989, fueron 15.427. Y en 1994, 4.481. En medio también hubo el atentado contra el cuartel de la Guardia Civil en Vic, con nueve muertos.
Robert recuerda algo que le dijo un día el periodista Iñaki Gabilondo. Primero le "encabronó", pero luego le acabó dando la razón. Decía así: "Si Hipercor, en lugar de ser un atentado con 21 muertos, hubieran sido 21 atentados con un muerto cada uno, no se acordaría nadie". El mismo Robert se ha encontrado con atentados de los que nadie se acuerda. Tampoco las autoridades.

Treinta años después, la paz

Hay otra fecha que Robert Manrique no olvidará nunca: el 20 de octubre de 2011. Fue el día en que ETA anunció el cese definitivo de su actividad armada. Ese día, ya de madrugada, Robert volvía de una entrevista en una radio. "Siempre quedo con mi hijo en Virrei Amat, a medio camino de su casa y mi casa. Cuando mi hijo me vio, me abrazó como nunca en la vida lo había hecho. 'Ningún niño más sufrirá lo que nosotros hemos sufrido', me dijo. Volví a casa llorando".
Confiesa que está viviendo "muy contento" el fin de ETA. "Porque ahora sé que, si me suena el teléfono a las cuatro de la madrugada, al menos no será por otro atentado de ETA", asegura. "Porque sé que nadie más va a sufrir lo que muchos hemos sufrido durante años. Porque, con la paz en el País Vasco, somos todos los que salimos ganando. Con la violencia, ya se ha visto, no han ganado nada; solo han salido perdiendo".
"Claro que queda el dolor, pero la mayoría de víctimas han asumido que esto acabe. Bienvenido sea el fin de ETA", defiende Robert, que añade en este mismo sentido: "Ahora, lo que diga la ley. Hay leyes que no me gustan, pero, si no me gustan, intento cambiarlas. Y esto lo pensamos muchas víctimas, de verdad. Lo que pasa es que no se nos pregunta y la sociedad termina fijándose solamente en la víctima que sale a la calle con su banderita".
En los mismos términos habla Jordi Valls. "Ese día, cuando lo supe, pensé: ya era hora, ya ha llegado el momento que tanto esperábamos. Por fin ETA se ha dado cuenta de que con aquello no iba a ninguna parte", explica. Lo ha vivido, también, con cierta alegría, como un alivio: "Piensa que han sido años muy duros. En el País Vasco hay muchísima gente, de todos los lados, que ha sufrido mucho. Es normal que me alegre. El fin de la violencia representa un alivio para mí como víctima, pero también para el País Vasco, porque representa la paz que tanto deseaban".
Según él, a pesar de los pasos de ETA, aún hay mucho por hacer: "El Estado tiene que hacer mucho trabajo con las víctimas y con el proceso de paz, porque todo esto debe consolidarse", sostiene. Treinta años después, ¿cuál es su mensaje? "Que no se olvide. Que todavía hay gente que lo está pasando mal, que no ha sido reconocida, que no ha sido escuchada. Y que se consolide todo esto que ya ha empezado. Que llegue la paz definitiva al País Vasco, a Catalunya y a España".

Opinión:

Publico esta entrevista en elnacional.cat porque hoy domingo, una persona asistente a la Exposición me la ha recordado. Me decía que le había impactado lo que en la misma se comentaba y que desde que la leyó se ha dedicado a localizar la mayor información posible sobre el tema.
Le he dicho que recordaba haberla publicado en junio pero su respuesta ha sido inmediata: “Si, pero en catalán y yo llevo en Cataluña desde febrero y encara no parlo catala…”. Ahora acaba de enviármela por correo electrónico.
En agradecimiento a su interés y para quien quizás no pudo entender algo en junio, ahora la publico en su idioma, castellano.

De hecho, sigue tan vigente como entonces...